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La entidad advierte que la mala funcionalidad del mercado residencial puede tener implicaciones negativas para la estabilidad macrofinanciera y limitar el crecimiento. Mantiene sus previsiones de PIB, pero eleva la inflación.

Ante la imposibilidad de que la producción satisfaga la demanda creciente, el saldo deficitario de vivienda se fija ya en las 750.000 unidades, según la cifra que recoge el Informe Anual 2025 del Banco de España. Este diferencial entre la producción de nuevas viviendas y la creación neta de hogares se incrementó desde 2021 hasta 2025, concentrándose un 52,5% de dicha cifra en seis provincias (Madrid, Barcelona, Alicante, València, Murcia y Málaga), contribuyendo al progresivo envejecimiento del parque de viviendas, que presenta necesidades de rehabilitación y requiere mejoras de su eficiencia energética. La anterior estimación se situaba en las 700.000 unidades, si bien ya entidades como Caixabank elevaba esta cuantía hasta las 730.000 viviendas, que incluso elevaba hasta 900.000 unidades para 2029.

El regulador en otro de los capítulos de su informe señala que los problemas  en el funcionamiento del mercado de la vivienda pueden desencadenar una serie de efectos económicos y sociales adversos. El mercado de la vivienda puede tener implicaciones negativas para la estabilidad macrofinanciera y limitar el crecimiento económico. Además, advierte que las ineficiencias en este mercado pueden dar lugar a efectos distributivos que cronifiquen situaciones de vulnerabilidad social y distorsionen la distribución intergeneracional de la riqueza. Estos efectos distributivos, a su vez, impactan sobre la evolución macroeconómica y el crecimiento económico a largo plazo.

El organismo presidido por José Luís Escriva también ha querido terciar sobre un conjunto de medidas que podrían aplicarse para romper la rigidez de la oferta de vivienda, al considerar que tiene “naturaleza estructural con factores persistentes que limitan su capacidad de ajustarse a la demanda”.

Ante la necesidad de aumentar la oferta de vivienda residencial, el Banco de España dirige un mensaje claro a las tres admimnistraciones públicas que tienen algo que decir en materia de vivienda, y les pide “una mayor coordinación en materia de vivienda, especialmente en el ámbito de la planificación urbanística y las políticas de suelo”, y añade que ante una materia tan altamente descentralizada, “una política de vivienda efectiva requiere coordinación de la asignación competencial entre administraciones para evitar la neutralización o la escasa efectividad de medidas unilaterales”.

Otro de los aspectos sobre el que la autoridad monetaria se manifiesta friamente, es sobre las distintas medidas puestas en marcha para incrementar el parque de vivienda pública, con mención especial en el alquiler asequible. Así señala que los esfuerzos que actualmente se están llevado a cabo, “tardarán en materializarse y la magnitud de su cuantía sobre la oferta es relativamente reducida en relación con las actuales necesidades de vivienda”.

En 2025 se terminaron 11.000 viviendas protegidas y se iniciaron 15.500, cifras ligeramente superiores a la producción media anual del período 2015-2024, que se situó en 9.000 viviendas. Estas cifras se encuentran muy alejadas de las 62.000 viviendas protegidas que se terminaban anualmente en la década de los noventa o de las 56.000 viviendas de la década de los 2000.

Además lanzó un mensaje a los ayuntamientos que con importantes competencias en materia de vivienda y con una situación presupuestaria y patrimonial saneada, “podrían contribuir a incrementar el parque público de vivienda”. También señala que las medidas fiscales de apoyo a la demanda de alquiler o compra de vivienda pueden ser poco efectivas en un momento como el actual con una oferta rígida.

Previsiones macroeconómicas

El Banco de España, también ha presentado este jueves sus previsiones macroeconómicas. Así ha mantenido sus previsiones de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) español para 2026 y 2027 en el 2,3% y el 1,7%, respectivamente, aunque ha elevado seis décimas sus perspectivas en torno a la inflación este año, hasta el 3,6%, y ha subido una décima su estimación para el próximo ejercicio, al 2,6%.

El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, ha señalado en el informe anual de la institución que, a pesar de este entorno internacional de elevada incertidumbre, la economía española ha mantenido una notable resiliencia. “El dinamismo del empleo y los flujos migratorios, junto con la ausencia de desequilibrios macrofinancieros, caracterizan el actual ciclo expansivo”, ha apuntado el gobernador.

La economía española mantuvo un sólido ritmo de crecimiento en el primer trimestre de 2026 (0,6%), si bien evidenció signos de desaceleración. De cara al segundo trimestre, los modelos de previsión del Banco de España apuntan a que el PIB podría crecer entre un 0,5% y un 0,6% con respecto al primer trimestre.

Para 2026 y 2027, se proyecta que la actividad económica crezca un 2,3% y un 1,7%,respectivamente, tasas idénticas a las previstas por el Banco de España en marzo. No obstante, desde el organismo se advierte de que la ausencia de revisiones enmascara cambios en los determinantes de este crecimiento por el efecto de distintos factores que se compensan entre sí.

Tras el significativo repunte de la tasa de inflación en los últimos meses, desde el 2,5% registrado en febrero al 3,6% en mayo, el Banco de España ha decidido revisar al alza sus proyecciones hasta el 3,6% en 2026, seis décimas más, y hasta el 2,6% en 2027, una décima más respecto a las estimaciones de marzo. El aumento de la inflación previsto para 2026 se debe principalmente a la revisión al alza de los supuestos relativos a los precios de la energía, así como a los mayores precios de los bienes industriales no energéticos y de los servicios, en un contexto de traslación parcial del encarecimiento de los inputs energéticos a la inflación subyacente, cuya estimación para este año se eleva al medio punto, al 3,2%.

Para 2027, la menor revisión al alza de la inflación responde a una caída de los precios energéticos más pronunciada que la contemplada en marzo. La magnitud de esta disminución compensa parcialmente una mayor inflación subyacente prevista para 2027 (3,2%).