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Deloitte y Aelec apuestan por el uso de bombas de calor, ya que son más eficientes y suponen hasta un 86% menos de emisiones que otros sistemas, al tiempo que piden una actualización y el refuerzo de las redes eléctricas.
Mucho trabajo por hacer. Los expertos en energía aseguran que España todavía tiene por delante un largo recorrido para llegar a descarbonizar su parque residencial. Así lo han explicado esta mañana en Madrid el socio de energía de Monitor Deloitte, Laureano Álvarez, y la directora de regulación de Aelec, Marta Castro, en la presentación del informe ‘Viviendas más eficientes y sostenibles’.
A partir de datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (Idae), organismo dependiente del Ministerio de Transición Ecológica, los autores de este estudio señalan que en torno a un 50% de la climatización de los hogares se sigue haciendo mediante la utilización de combustibles fósiles: un 25% de gas natural y un 25% con otros combustibles fósiles, como gas licuado de petróleo (GLP), gasóleo y combustibles fósiles sólidos. Por otro lado, la electricidad da cuenta de solo un 11% de los sistemas de climatización y el 34% restante corresponde a ‘Otros’, entre los que se incluyen energía solar térmica, biomasa y geotermia.
Asimismo, Deloitte y Aelec señalan que el sector residencial debe triplicar el ritmo de reducción de emisiones para cumplir con los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec) 2023-2030 del Gobierno de España, por lo que se debería pasar de la actual reducción anual del 2% de emisiones a situarse entre un 6% y un 7% menos a lo largo de la presente década.
El informe distingue tres zonas climáticas en el territorio nacional: templada (mediterránea y Canarias), con 9,6 millones de viviendas; atlántica, con 1,8 millones de hogares, y continental, con otros 7,2 millones de viviendas. Estas áreas presentan consumos energéticos diferentes. La mediterránea registra un consumo medio de energía en sus viviendas situado entre 8 y 9 kilovatios hora por metro cuadrado (KWh/m2), mientras que la continental supera ese dato en un 51% y fluctúa entre 12 y 13 kilovatios hora por metro cuadrado.
El portavoz de Deloitte ha explicado que esta clasificación por zonas, unida a un parque de viviendas muy heterogéneo en antigüedad, tamaño y tipología, “hace necesarias diferentes soluciones que permitan mejorar la sostenibilidad y la eficiencia”. Álvarez ha explicado que las construcciones más antiguas “tienen mayores necesidades de climatización, lo que puede suponer un reto tanto en su eficiencia energética como en su necesidad de rehabilitación”. Además, una mayor superficie requiere un mayor consumo energético, algo que suele ir asociado también con un mayor número de habitantes en cada casa y, por tipos, las unifamiliares tienen un mayor consumo energético que las ubicadas en bloques verticales.
Deloitte y Aelec apuestan por el uso de bombas de calor, que consumen electricidad, pero también capturan energía de otras fuentes, como agua, aire o geotermia. Señalan que estos dispositivos “presentan una eficiencia hasta cuatro veces superior al resto y unas emisiones globales muy reducidas”, unos 37 kilogramos de CO2 por megavatio hora frente a los 258 generados por una caldera de gas natural, lo que supone un ahorro del 86%. Así, consideran las bombas de calor “claves para la descarbonización del parque residencial”, en palabras de Álvarez.
Por su lado, Castro ha destacado que “la transformación del parque de viviendas solo será viable si se acompaña de una actualización y un refuerzo de las redes eléctricas, esenciales para integrar el incremento de demanda y el crecimiento de la generación renovable distribuida”. Y ha señalado como imprescindible “una planificación más flexible y anticipada, la agilización de permisos y accesos a la red, la definición de retribuciones que permitan atraer la inversión necesaria y un marco regulatorio estable que reduzca la incertidumbre y facilite la financiación”.
Finalmente, el documento recoge que la electricidad es 2,5 veces más cara que el gas para los hogares españoles, debido a una mayor carga regulatoria e impositiva, por lo que esta diferencia y la inversión inicial dificultan la adopción de tecnologías eléctricas más eficientes como la bomba de calor. De este modo, piden que se reduzca el coste de la electricidad, establecer incentivos fiscales, definir programas de ayudas y legislación alineados con la transición energética y también llevar a cabo campañas de sensibilización y educación.



