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Los costes de construcción podrían repuntar entre un 3% y un 6% pero un escenario de tensión persistente podría situar su incremento entre el 6% y el 10%. El riesgo principal para el residencial español es la menor liquidez.

La escalada en Oriente Medio podría elevar hasta un 10% los costes de construcción en España. Así se desprende del informe Del petróleo al metro cuadrado: geopolítica y mercado inmobiliario, que ha elaborado Gloval Analytics. En un escenario de tensión persistente, además, el principal riesgo para el sector es la llegada de una etapa de menor liquidez, menor capacidad de compra y mayor presión sobre el alquiler y no, en principio, un descenso abrupto del valor residencial.

El sector de la construcción se asoma, pues, a un escenario plagado de incertidumbres tras varios años de fuerte tensión. En concreto, la obra nueva ha subido más del 32% entre 2020 y 2025, por lo que otro repunte en materias primas, energía y transporte podría trasladarse a los importes de la promoción y repercutir en el precio final. En un contexto de tensión contenida, los costes de construcción podrían repuntar entre un 3% y un 6%, mientras que en uno de tensión persistente ese incremento podría situarse entre el 6% y el 10%, señala el estudio.

A estos más que probables efectos sobre la oferta se suma el impacto financiero. Cada subida de un punto porcentual del euríbor puede suponer aproximadamente 100 euros más al mes para una hipoteca media, una referencia que, apunta el informe, “resume el posible traslado del conflicto al bolsillo de los hogares”. Un encarecimiento sostenido de la energía elevaría la inflación y limitaría el margen del Banco Central Europeo para bajar tipos, con efectos directos sobre las hipotecas, el consumo y el acceso al crédito, abunda el texto.

Como consecuencia, el mercado inmobiliario patrio entraría en una fase de mayor prudencia. El escenario central que plantea la consultora no es el de un ajuste abrupto de precios, sino una fase con menos compraventas, menos crédito y más presión sobre el alquiler, en las actuales circunstancias de escasez estructural de oferta y baja accesibilidad para los hogares. “Menos mercado y más coste”, resume el presidente y consejero delegado de Gloval, Roberto Rey.

“El residencial español ha demostrado en los últimos años una notable capacidad de resistencia, pero sigue muy expuesto a factores externos como la energía, la inflación o el coste de financiación. Si la tensión geopolítica se prolonga, esperamos un entorno más exigente para promotores, compradores e inquilinos”, continúa.

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El estudio advierte además de que parte de la demanda de compra podría desplazarse al alquiler ante unas condiciones de financiación más exigentes. El arrendamiento ganaría peso, pero sin abaratarse. Menos obra nueva, peor acceso al crédito y una oferta rígida a corto y medio plazo intensificarían la presión sobre un mercado ya tensionado, especialmente en las grandes áreas urbanas, vaticina el informe.

“Para el sector del alquiler en España, el conflicto de Irán puede suponer un riesgo de accesibilidad y esfuerzo más que un riesgo de caída de rentas”. El texto toma como referencia lo ocurrido tras la guerra de Ucrania para anticipar el posible comportamiento del real estate. Su comparativa muestra que este tipo de episodios no actúan de forma directa sobre el valor de la vivienda, sino a través de variables intermedias como el coste de financiación y la actividad transaccional.

Entre diciembre de 2021 y diciembre de 2023, el tipo hipotecario pasó del 1,50% al 3,97%, el esfuerzo de acceso subió del 29,16% al 36,86%, el crédito hipotecario a hogares pasó de crecer un 0,77% a caer un 3,07% y las compraventas de vivienda descendieron de 48.279 a 36.560, expone la consultora. En ese mismo periodo, el IPV pasó del 8,5% en marzo de 2022 al 4,3% en diciembre de 2023, mientras el precio medio tasado por metro cuadrado siguió avanzando, lo que apunta a una desaceleración del mercado más que a una caída nominal del valor.

De cara a 2026, los analistas de Gloval plantean dos escenarios. En uno de tensión contenida, la inflación podría situarse entre el 2,4% y el 2,7%, con un repunte moderado de los costes de construcción del 3% al 6%. En uno de tensión persistente, el IPC podría escalar al 3%-3,8%, el PIB reducirse a una horquilla del 1,3%-1,8% y los costes de construcción elevarse el 10%. La vivienda, en definitiva, está cada vez más conectada con la geopolítica global. España registró en 2023 una dependencia energética del 68%, por lo que cualquier tensión sostenida en petróleo y gas puede hacer mella en promotores, compradores e inquilinos. El resultado más probable sería una etapa más selectiva, prudente y exigente en términos de accesibilidad.