Noticia EjePrime
Referentes del real estate abordan la transformación del negocio por la irrupción de herramientas tecnológicas como la Inteligencia Artificial en la primera edición del Thinking New Voices 2026 impulsado por EjePrime y Gesvalt.
Tras ser señalado como ‘farolillo rojo’ entre los tractores empresariales de la innovación, el sector del real estate ha decidido esta vez encarar la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) desde puestos de cabeza, consciente de que estamos ante una nueva revolución industrial destinada a cambiar de raíz el modelo operativo del negocio. Sin embargo, como actividad muy vinculada a la experiencia y la relación directa, para los líderes de la industria la clave está en conjugar ambas realidades: el éxito de esta transformación no dependerá de la potencia o del algoritmo que se use, sino de la capacidad de las empresas para integrarlo en su organización.
Esta ha sido la principal conclusión extraída de la sesión Thinking New Voices 2026 organizada por EjePrime y patrocinada por Gesvalt sobre IA e Innovación en el real estate, que reunió a líderes del ecosistema promotor, del retail, servicers y de la consultoría estratégica, donde el consenso fue unánime: las nuevas herramientas tecnológicas ya son una realidad y ahora toca pasar de “casos de uso” a la construcción de plataformas corporativas que mejoren la productividad e, imprescindible, estén blindadas.





Tal como plantea Pablo Galilea, director comercial para el puesto de trabajo en Europa de Microsoft, la IA hoy no es una herramienta para trabajar más rápido, sino el nuevo modelo operativo que redibujará los procesos de negocio. Para valorar su alcance, Galilea opta por un símil con la invención del ascensor, un hito que no solo supuso la generación de este producto, sino que permitió que las ciudades se pudieran desarrollar en vertical. “La IA no es un tema de cómo te va a ayudar a trabajar más rápido, sino cómo te va a ayudar a cambiar tu modelo operativo”. En este contexto, el director de Microsoft dibuja cuatro patrones claros de adopción. “Cómo cambió la forma en la que las personas trabajan en su día a día, que es quizás lo que esté más implantado pero donde hay que pasar de cómo lo optimiza el usuario a cómo lo hace la compañía, cómo trabajamos con los clientes, inversores y proveedores, cómo se optimizan procesos tradicionales de negocio (valorar portfolios, riesgos y demanda) para que sean más ágiles y permitan dar más valor y cómo creó nuevos modelos innovadores que posibilitan ser más pioneros”.Galilea recuerda que España es uno de los mercados más avanzados en la adopción de estas tecnologías a nivel global, ubicándose en el puesto número 6, algo por detrás de Francia, pero superando a otros grandes mercados como Nueva Zelanda o Italia, que está mucho más abajo.
Para Juan Antonio Gómez-Pintado, presidente de la corporación Vía Ágora, “estamos en un momento de transformación todavía muy incipiente; comenzando en la implementación de la IA en los procesos productivos vinculados a la industrialización”, aunque se muestra seguro del impacto. “Vamos a pasar de un modelo de constructor promotor tradicional a la generación de plataformas industrializadas en inmobiliarias innovadoras”. El fundador de la promotora Vía Ágora y de la empresa de industrialización Lignum Tech apunta que la IA avanza a dos velocidades. La fase administrativa “ya vuela, pero el reto core reside en la fase productiva” y en mejorar los costes de edificación. “Estamos utilizando IA para hacer desarrollos basados en arquitectura generativa en nuestra fábrica de fachadas para la ingeniería de detalle y ultimamos su uso generalizado en el desarrollo de proyectos”. Sin embargo, el empresario puso el dedo en la llaga reglamentaria: el suelo sigue siendo el principal cuello de botella. El verdadero salto cualitativo ocurrirá solo si se conectan estos avances en el sector privado con unas administraciones públicas capaces de aplicar IA para desatascar la burocracia. “La próxima legislatura estará monopolizada por la vivienda y las infraestructuras; la IA debe ser el catalizador para desbloquear el modelo productivo”, asegura.
La velocidad del cambio es el gran factor de fricción corporativa. Tal como explica Alfonso Lacasa, director inmobiliario de Gestilar, la selección de dónde poner el foco frente a la profusión de herramientas vinculadas a la innovación es la clave. “Nos llega tal cantidad de información que corremos el riesgo de morir por exceso de ganas de implementar”.
Algo que comparte Oriol Barrachina, CEO de Cushman & Wakefield para Iberia. “Nosotros, al ser una compañía cotizada y global, estamos atrapados en ese sándwich de la velocidad de nuestras bases, muy entusiasmadas con esa tecnología de la que ven muy rápido las ventajas y además porque la estamos impulsando y el ritmo que hay en la dirección, donde abogamos por unas velocidades que nos aseguren la consistencia y la fiabilidad que requiere cumplir los compliances también con coherencia; no podemos implementar algo en cada país cuando el cliente es el mismo”, explica.
“Pero creo que tiene unas implicaciones muy en positivo de conocimiento de cliente que nos permiten anticiparnos. Toda la cantidad de información que tenemos nos ayuda mucho a ser mucho más holísticos y más proactivos en vez de reactivos, locales y departamentales”, agrega.
Mismo optimismo comparte Alberto Valls, socio responsable de Real Estate de Deloitte, sobre el impacto de las aplicaciones tecnológicas para multiplicar la productividad en el sector real estate, que suele adolecer de tasas bajas. “En una empresa de servicios como la nuestra, nos va a cambiar la cuenta de resultados. Por ello, debemos redefinir los negocios y pensar donde, en una industria tan opaca, el dato ya no va a ser tan diferencial y se va a pasar de trabajar en hacer diagnósticos a tener socios con los que desarrollar proyectos”. Sin embargo, no obvia las líneas rojas corporativas: “Lo importante son las personas, pero tienes que ser muy prudente porque, si por la socialización de la tecnología pierdes la confidencialidad de tus clientes, estás muerto. La ciberseguridad y disponer de modelos propietarios de datos protegidos es la clave absoluta”.
Tanto Valls como Barrachina ponen sobre la mesa una realidad que ya ocurre en los cuarteles generales de muchas compañías: comités de inversión que incorporan la IA como un miembro sin voto, en busca de un análisis desprovisto de sesgos emocionales. Algo que también defiende Alberto Hernández, CTO de Azora. “Los propios inversores ya te lo preguntan. Y es una cuestión que tiene mucho sentido, no por el hype, sino por cómo aseguras que tú analizas una oportunidad de inversión con la misma imparcialidad y sesgo que puede tener un socio. No es un decisor pero está presente en todos los comités de inversión”.
Para Enrique Corona, chief digital officer de Gesvalt, “estamos en un nuevo paradigma”. Por ello, la implementación con éxito de las nuevas herramientas de innovación debe llevar aparejada una estrategia corporativa. “Más allá de la velocidad o de escoger la herramienta más adecuada, antes está el plantearla como una innovación cultural dentro de nuestras empresas. ¿Qué porcentaje de la plantilla de una empresa del sector está dedicada al área de tecnología? ¿Un 10%-15%? Ahora la tecnología la puede implementar el 100% de la compañía. Eso es imbatible. El que lo consiga, ganará”.




¿Por dónde se empieza entonces a construir esa nueva cultura corporativa? Quico Machín, responsable de Datos e IA en IE University, lo tiene claro. “Empezamos por las personas; hay que ponerles foco para no estresar a los equipos”. Usando el ejemplo histórico de la televisión —que se inventó en los años treinta, pero pasó sus primeros veinte años limitándose a replicar visualmente la radio—, Machín recuerda que el verdadero salto de innovación actual pasa por romper el viejo paradigma de “personas que controlan personas” para aprender a gestionar ecosistemas de agentes autónomos que hablan entre sí y proponen ideas.
En el terreno de los servicers, Marta Fernández, responsable de Solvia, cree que la IA está cambiando las reglas del juego en el negocio tradicional de este tipo de firmas. “Nos está ayudando a conocer más al cliente final, a definir mejor el producto y a aproximarnos al mercado retail”.
En el caso de los activos terciarios, como los centros comerciales, José Manuel Llovet, director ejecutivo de Terciario en Grupo Lar y presidente de la Asociación de Propietarios de Espacios Comerciales (Apresco), considera que las nuevas tecnologías aportan todo tipo de métricas relacionadas con el contacto directo con el cliente. “Los profesionales del retail hemos evolucionado mucho. Llevamos muchísimo tiempo intentando conocer a nuestro cliente, centrados en la transformación y operando con agentes de IA para predecir cosas como el tiempo que va a hacer o el tráfico hacia nuestros centros y aun así sentimos que estamos aún en una fase muy inicial. Porque esta transformación es tan rápida y tan enorme que da vértigo”.
Para que esta integración no termine en frustración, Carmen Boronat, CEO de Cloud District, aboga por abandonar la “tiranía de la herramienta” para centrarse en una “filosofía de contexto”. “Se trata de diagnosticar cómo la IA entiende cómo opera la empresa, cómo conecta las bases de conocimiento internas con los procesos core, qué reglas estratégicas de control se quieren introducir y aprovechar el conocimiento de modelos ya testados”, agrega.



