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A finales de 2024, un 82,6% de las unidades familiares tenía algún activo real, como la vivienda, cuyos valores medianos eran de 200.000 y 170.000 euros, respectivamente, de acuerdo con la Encuesta Financiera de las Familias.
La trayectoria decreciente en la tenencia de activos reales por parte de los hogares españoles que comenzó en 2011, año en el que se situó en el 89,4%, se mantiene, según la Encuesta Financiera de las Familias que acaba de hacer pública el Banco de España. A finales de 2024, el 82,6% de los hogares tenía algún tipo de activo real, entre los que se incluye la vivienda, con un valor mediano de 200.000 y 170.000 euros, respectivamente. En comparación con 2022, la proporción de unidades familiares con este tipo de patrimonio se redujo ligeramente en 1,3 puntos porcentuales, mientras que su valía mediana aumentó un 3,8%.
Por lo que respecta a la vivienda, la proporción de hogares propietarios alcanzó mínimos históricos en 2024, al caer hasta el 70,6%, cuando en 2022 fue del 72,1%. Las reducciones fueron particularmente intensas en los situados entre los percentiles 80 y 90 de la distribución de la renta (5,9 puntos porcentuales), en aquellos cuyo cabeza de familia tenía entre 35 y 44 años (5,3 puntos) y en los de la parte inferior de la riqueza neta (5,4 puntos). En sentido contrario, se observó un aumento de la tasa de propiedad entre los hogares más jóvenes, en 4,8 puntos porcentuales, lo que rompe una tendencia decreciente registrada desde 2011.
El valor mediano de la vivienda principal de los hogares propietarios fue 170.000 euros, un 6,9% más entre finales de 2022 y finales de 2024. El estudio refleja también que el 45,3% de los hogares poseía activos inmobiliarios distintos de su residencia principal. Un 33,7% poseía al menos otra y un 13,6% contaba con solares y fincas. Un 9,1% de las familias tenía activos en negocios relacionados con actividades por cuenta propia de alguno de sus miembros, por debajo del porcentaje de 2022, que lo superó en 1,8 puntos.
El peso relativo de los distintos activos financieros en su valor total fue a finales de 2024 de un 23%, más que dos años antes, un 20,8%. En cuanto a la descomposición de los activos, las cuentas y depósitos utilizables para realizar pagos constituyen el 30,1% del valor de los activos financieros de los hogares, mientras que las cuentas no utilizables para realizar pagos y las cuentas vivienda representan un 9,4%. A continuación, por orden de importancia, se encuentran acciones no cotizadas y participaciones (16,5%); otros activos financieros (13,3%), que incluyen, entre otros vehículos, créditos pendientes a favor de los hogares, carteras gestionadas, futuros, swaps, derechos de propiedad intelectual o industrial y criptomonedas; planes de pensiones y seguros de vida de inversión o mixtos (12,5%); fondos de inversión (8,5%); acciones cotizadas (6,9 %) y valores de renta fija (2,8%).
El activo que más engordó su peso relativo fue el de las acciones no cotizadas y participaciones (5,5 puntos). Otros que aumentaron su porcentaje fueron las cuentas no utilizables para realizar pagos (3,7 puntos), los otros activos financieros (2,3 puntos) y los valores de renta fija (2 puntos), respecto a finales de 2022. Unas subidas que se produjeron a costa de la pérdida de peso de las cuentas utilizables para realizar pagos (8,1 puntos), los fondos de inversión (3,2 puntos), las acciones cotizadas (1 punto) y, en menor medida, los planes de pensiones y seguros de vida (1,2 puntos).
La fuerte caída registrada en el peso relativo de estas cuentas y depósitos utilizables para realizar pagos interrumpe una tendencia sostenida al alza que se observaba desde 2014. Entre dicho año y 2022 pasaron de representar un 17,1% del total de activos financieros a un 38,2%, para caer al 30,1% en 2024. Desde el Banco de España destacan una situación inédita: que los hogares con menos rentas hayan acudido a cuentas de ahorro remuneradas ante la subida de la inflación, en lugar de mantener en líquido en cuentas corrientes. También, estos hogares decidieron cancelar deuda para mejorar su situación de vulnerabilidad.
Además, los hogares recuperaron renta pero no su riqueza previa a la crisis financiera. La renta mediana en 2023 superó por primera vez el nivel de 2001, máximo dentro del periodo observado por este informe, que se elabora desde 2002 y con carácter bienal desde 2020. Tras un periodo caracterizado por el encarecimiento de la energía y de otras materias primas y por el notable repunte de la inflación, en 2024 se consolidó una fase de crecimiento robusta, desinflación gradual y relajación de las condiciones financieras, aunque en un entorno internacional todavía complejo e incierto.
En este contexto, la renta anual media de los hogares españoles en 2023 se situó en 46.300 euros y la renta mediana en 36.100 euros, un aumento del 4,6% y del 7,8%, respectivamente. Por edad, los incrementos de renta entre 2021 y 2023 son especialmente importantes en los hogares más jóvenes y en los de mayor edad: entre los menores de 35 años, la mediana crece un 6,2%, mientras que entre los mayores de 74 años los aumentos son del 10,7% y del 12,9% para los que están entre 65 y 74 años. Por situación laboral, la evolución también es dispar. La mediana aumenta un 3,2% entre los hogares cuyo cabeza de familia es asalariado, un 1,9% entre los encabezados por trabajadores por cuenta propia y un 11,2% en aquellos con cabeza de familia jubilado. El aumento más intenso se observa, no obstante, entre los hogares cuyo cabeza de familia es inactivo o parado, para los que la mediana crece un 17,3% y la media un 14,2%.
En 2024, la riqueza neta mediana de las familias era de 160.800 euros y la media de 344.700 euros. Entre finales de 2022 y finales de 2024, la riqueza neta mediana de los hogares aumentó un 6%, mientras que la riqueza media creció un 3%. No obstante, a diferencia de la renta, la riqueza neta no ha llegado a recuperar los niveles anteriores a la crisis financiera. Además, la encuesta del Banco de España vuelve a certificar la concentración de la riqueza neta en manos del 1%, que supera el 21% del total.
Se observan cambios relevantes por régimen de tenencia de la vivienda y por composición del hogar. Entre los propietarios de su vivienda principal, la riqueza neta mediana aumenta un 8,4%, mientras que entre los no propietarios el avance es del 18,3%, aunque estos últimos continúan presentando niveles de riqueza neta muy reducidos. La deuda de los hogares significaba a finales de 2024 el 8,1% del valor total de sus activos, 1,1 puntos porcentuales menos respecto a 2022. La pendiente para la adquisición de la vivienda principal constituía el 64,6% de la total de los hogares, mientras que aquella para la compra de otras propiedades inmobiliarias representaba el 17,3% y las otras deudas pendientes, el 18%.
Según el estudio, a finales de 2024 un 54% de los hogares tenían algún tipo de deuda por un importe mediano de 29.900 euros. El 25% de las familias tenía créditos pendientes por la compra de su vivienda principal. La cantidad mediana por este concepto era de 60.900 euros para el conjunto de hogares con hipoteca.



